| Isaías 53, 10-11
Hebreos 4, 14-16
Marcos 10, 35-45
En el Salmo Responsorial contamos: "El Señor ha estado grande con nosotros, y estamos alegres".
El evangelio nos muestra la manera de que Dios ha sido grande con nosotros, en darnos el regalo de fe. Es curioso que Jesús no dijo al ciego, "Yo te curo", o "Su fe te has curado", pero "tu fe te has salvado".
La alegría es nuestra respuesta a la grandeza de Dios con nosotros. En particular, la alegría caracteriza una persona de fe. La persona de fe siempre puede reconocer la grandeza de Dios en el mundo y en su vida.
Hay tiempos en la vida que prueban nuestra fe. Tiempos cuando cosas no salen bien con nosotros; quizás tiempos de enfermedad personal o la muerte de una persona querida; tiempos cuando nuestros sueños de la liberación no tienen éxito; tiempos de los fracasos que se encuentran de ves en cuando. Hay "el noche oscuro de la alma" que encontramos en nuestro viaje espirituál, cuando la fé nos abondana por un tiempo largo. Dios permite que todo esto pasa a su gente.
La grandeza de Dios se refleja en el curso de la experiencia humana en todas sus formas. Si nos encontramos al lado oscuro de la luna, no es porque el sol no está brillando al otro lado como siempre. Hay de confiar, por el testimonio de mucha gente, y con el apoyo de la comunidad cristiana, que vamos a emerger a donde la grandeza de Dios se nos muestra otra vez.
En la misma comunidad de fe, hay personas muy expresiva de su alegría, otros mas reservados quienes guardan su alegría adentro, y otros luchando a descubrir una manifestación nueva de la alegría de su fe, quizás una fé mas madura que antes. Pero siempre la comunidad de fé es una comunidad de alegría.
“El Señor ha estado grande con nosotros, y estamos alegres”.
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