Isaías 50, 4c-9a
Santiago 2, 14-18
Marcos 8, 27-35
El evangelio de hoy es un paso muy importante en el ministerio de Cristo Jesús. Por la primera ves, les enseño a los apóstoles en una manera muy clara que el fue el Mesías. Pero la noticia no fue tan bueno para ellos. Porque también describió el tipo de rey fue el. No fue el rey poderoso y rico que esperaron. Y predicó los sufrimientos que el tuvo que tolerar.
Por eso, Pedro, siempre el apóstol mas impulsivo, “lo llevó aparte y comenzó a rependerlo”.
Es difícil declarar la verdad, especialmente cuando nadie quiere oírlo. Cuando una persona enferma tiene que decirle a su familia que va a morir, todo el mundo lo niega y trata de convencerlo que va a recuperar. Es mas fácil mantener una decepción cuando la gente no quiere enfrentar a la verdad.
Lo que libera es la verdad. La verdad de justicia es difícil compartir a una comunidad que actúa en una manera opresiva. Una comunidad – o una iglesia -- que profesa justicia pero no acepta unas personas por razón de ser mujer -- es esta una comunidad de la liberación de Cristo? En las palabras de Santiago en la segunda lectura: Si a un hermano o a una hermana les falta la ropa y el pan de cada ida, y uno de ustedes les dice: “Que les vaya bien; que no sientan frío ni hambre,” sin darle lo que necesitan -- de qué les sirve? Así pasa con la fe si no se demuestra por la manera de actuar: está completamente muerta.”
Solamente con la gracia de Dios podemos confesar la verdad como debemos. Dice Isaías en la primera lectura: “Por eso puse mi cara dura como piedra. Yo sé que no seré engañado, cera está el que me hace justicia.”
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