| Nadie quiere una molestia. Especialmente, cuando uno está cansado de tanta gente, y necesita retirarse por un tiempo para recuperarse, en estos momentos nadie quiere otros asuntos de negocio o gente exigente.
Pero este es precisamente lo que pasó con Jesús y sus discípulos en la lectura de hoy. Ellos quieren apartarse para descanar por un poquito. Pero una multitud de gente los siguió, hasta que no tenían ni un momento para restablecerse.
Algo de la multitud le tocó a Jesús a corazón. Reconocía un hambre en la gente al que el necesitaba responder. Y la respuesta no era dar comida a la gente, o guiar en una actividad. No. Jesús los enseñaba.
El ministerio de enseñar es muy importante. La mayoría de las veces la ignorancia corre sin límites a través de los asuntos humanos. Estos días la anarquía domina el país de Iran. Tribu mata al tribu en Africa; en Tijuana narcotraficantes toman represalias contra uno a otro con fuerza tremenda.
En una manera, Jesús se obligaba enseñar a la gente por entender la importancia de la lucha contra la ignorancia. No querría perder la chanca de defender la verdad y la sabiduría; no querría dejar tanta gente en la oscuridad de su inconsciencia.
Los maestros en nuestra comunidad comparten en el ministerio de la liberación. Y hay mas maestros que los maestros de la escuela. Hay maestros de familias que son los padres. Hay maestros del evangelio que son personas de sencillez y humildad. Y, en una manera, nosotros somos maestros de nos mismos cuando aplicamos la verdad personal, los valores mas preciosos, a nuestra vida y nuestros acciones.
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