Amos 7:12-15
Salmo Responsorial 85:9-10, 11-12, 13-14
Efesios 1:3-14 o 1:3-10
Marcos 6:7-13
Dios nos manda. Dios nos manda a ser profetas. El profeta no es una persona que predice es futuro. El profeta es una persona que habla claramente. Dios manda a todos los bautizados decir un mensaje de liberación, justicia y no violencia.
Dios nunca manda personas bien elocuentes o famosos. En la primera lectura, Amos se describe como una persona sencilla -- un pastor y jardinero. Y, en el evangelio, Jesús manda los discípulos en una manera muy sencilla para compartir la buena nueva: Les ordenó que no llevaran nada para el camino fuera de un bastón: ni pan, ni morral, ni dinero. San Pablo habla de su debilidad y tenía un un impedimento en hablar. Dios nos manda en nuestra sencillez. El poder, la elocuencia, la posición que nos acompañan no son de nosotros. Nuestra sencillez habla claramente que nuestro mensaje viene del poder de Dios.
Lo que confunde los planes ambiciosos del opresor es la resistencia sencilla. Lo que desconcierte los esfuerzos de los violentes es la respuesta no violente. Lo que opone una práctica de injusticia es un acto justo.
Amos dice en la primera lectura: Yo no soy profeta ni pariente de profeta; soy simplemente un hombre que tiene sus vaquetas y unas cuantas higueras. El Señor es quien me tomó cuando yo iba arreando mis vacas, y me encargó que hablara a Israel en nombre suyo.
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