| En estas tres semanas, el domingo de hoy y los dos domingos que siguen, encontramos un desvío en el camino. Estábamos leyendo el evangelio de San Marcos en los domingos del tiempo ordinario. El desvío atraviesa al evangelio de San Juan y nos muestra en que consiste un comunidad eucarística.
La Primera Lectura
Abrimos la primera lectura de las semanas para considerar los beneficios del nuestro desvío.
En la primero domingo, el libro de los Reyes nos contó que pasó cuando Dios le refrescó Elías, cansado al punto del muerte de su viaje largo, dándole comida y bebida.
En el segundo, el libro de los Proverbios describió como la sabiduría preparó una fiesta rica para “los hombres sencillos”.
Y, en el tercero, Josué le contó a su gente confundida los grandes milagros que hizo Dios, especialmente su liberación de la esclavitud.
La iglesia nos enseña por relacionar, cada semana, la liberación y la justicia con la comunidad eucarística.
Tengo familia en las Islas Filipinas. En comparación a la gente allí, yo estoy rico. Les daba unas cositas y trataba estar generoso. Pero no éramos una comunidad eucarística hasta que me servían una comida para satisfacer la hambre y la sed de todos.)
Para completar el desvío gozamos nosotros de los beneficios del camino que tomamos: comida, bebida y comunidad.
Salmo Responsorial Cada semana el salmo responsorial es lo mismo – Salmo 33. Y cada semana cantamos la misma respuesta: “Gusten y vean qué bueno es el señor.”
Salmo 33 nos presenta la extensión y la misión de la comunidad eucarística. Una comunidad eucarística se ofrece (1) al afligido que invoca al señor (1o domingo); (2) a los humildes y a los que buscan al señor (2o domingo); (3) a los justos, que sufren muchos malos, a los atribulados, y a los abatidos (3o domingo).
Es claro que la comunidad eucarística se extiende a los pobres y los hambrientos. La misión de la comunidad es una misión de liberación y justicia.
El Evangelio
En el evangelio de San Juan, la respuesta de mucha gente al mensaje eucarística era a dudar, preguntar, abandonar.
Y, en el tercero, consideraremos los beneficios del desvío que acabamos de completar.
El evangelio de estos tres domingos considera los aspectos teológicos de la Eucaristía. La Eucaristía es el pan bajado del cielo. Es la carne de Cristo para la vida del mundo. Es espíritu y vida.
Pero, en lugar de fe, la respuesta de mucha gente al mensaje eucarística era a dudar, murmurar, preguntar, criticar y abandonar.
Jesús dijo que “yo soy el pan bajado del cielo¨”. La gente respondió: “Nosotros conocemos a su padre y su madre.”
Jesús dijo que “Daré mi carne para la vida del mundo”. La gente respondió: “¿Cómo este hombre va a darnos a comer su carne?”
Jesús dijo que “Yo tengo espíritu y vida”. La gente respondió: “¡Este lenguaje es muy duro!.¿Quién puede sufrirlo?”
La comunidad eucarística, en su misión de liberación y justicia, encuentra la misma oposición. Hay gente que no puede tolerar su propia liberación, menos la liberación de los demás. Hay gente que no quiere aceptar la justicia, porque teme los oprimidos o no quiere perder lo que piensa es su riqueza. “Y muchos de sus discípulos dieron un paso atrás y dejaron de seguirlo.”
No hay de desanimarnos si nos deja alguna gente cuando oye la buena nueva de la liberación. No hay de cambiar nuestra mensaje de justicia, aunque nos rechaza alguna gente.
“Jesús preguntó a los Doce: ¿Acaso ustedes también quieren dejarme? Pedro contesto: Señor, ¿a quién iríamos? Tú tienes palabras de vida eterna.”
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