Ezequiel 2:2-5
Salmo Responsorial: 122:1-2, 2, 3-4
2a Corintios 12:7-10
Marcos 6:1-6
En el evangelio de hoy, Cristo Jesús predicaba en su propia tierra, a su propia gente. ¿Y creían este gente? ¡Todo lo contrario! ¡Lo rechazaban!
¿Que hay de lo familiar que no ponemos mucha fe o confianza en lo?
Esperamos sabiduría y maravillas del extranjero, pero ¿de una persona bien conocida? Ponemos limites estrictos en lo que el o ella puede hacer. Como nuestro propio hijo o hija, es difícil aceptar la posibilidad de su madurez. Por eso, muchas veces el hijo o la hija tiene que salir de la familia para descubrir su potencial personal.
En la misma manera, no nos permitimos la liberación de Jesucristo. Liberación verdadera viene de adentro de la comunidad cristiana. Liberación personal viene de adentro de la persona. Pero, si no nos permitimos maravillas, nos cerramos a la liberación.
Nadie tiene la verdad que no hay en nuestra propia comunidad. La misión de profecía no es la misión a otra gente que vive afuera. Es una misión de la comunidad que viene del bautismo de cada cristiano.
Si amamos a nosotros mismos, si aceptamos la posibilidad de los regalos de dios, no hay de buscar afuera por las pisadas de nuestro Señor.
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