1a: Sabiduría 1:13-15, 2:23-24
Salmo Responsorial: Salmo 30:2, 4, 5-6, 11, 12, 13
2a: 2a Corintios 8:7, 9, 13-15
Evangelio: Marcos 5:21-43 o 5:21-24, 35-43
Hoy día hay un milagro adentro de un milagro.
Después de un tiempo de penitencia y luego de la fiesta de la Resurrección, regresamos a los “Domingos del Año” y el evangelio del Marcos. Jesucristo continua en se marcha hacía Jerusalén. Con cada paso, con cada evento, se revela mas sobre su naturaleza y su misión, y mas de nosotros como cristianos.
En los milagros de hoy, Jesucristo sanó un derrame de una señora y resucitó de la muerta una hija del un líder de la sinagoga.
Jesucristo hace los milagros a los que le piden. No hace milagros pro hacer milagros. Hace milagros para responder a las necesidades de la gente. Cuando alguien le pide, es ocasión de sanar o, en este caso, resucitar.
Lo que mas atrae el poder de Dios en la gente que pide un favor es la fe. Lo que sanó la señora en el evangelio de hoy fue dos cosas: el poder de Dios y la fe de la señora. A punto de resucitar la muchacha, Jesús pidió de la gente la fe.
Hay mucho poder cuando la persona actúa con fe. El poder no reside exclusivamente en nuestra fe. Ni reside el poder exclusivamente en la acción. El poder de Dios se manifiesta en la combinación de acción y fe.
En la lucha para la liberación humana, hay mucho para desanimarnos. Las fuerzas del mundo parece muy fuerte en comparación con la fuerza de la justicia. Los recursos de los ricos son mucho mas grandes que los que tienen los pobres. Pero lo que nos anima es el poder de Dios. ¡Con fe y con acción, poco a poquito, podemos superar! ¡Donde hay fe y con acción, Dios escuchará la plegaria de los pobres!
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