Isaías 6:1-2, 3-8
Salmo Responsorial : 138:1-2, 2-3, 4-5, 7-8
1 Corintios15:1-11 or 15:3-8, 11
Lucas 5:1-11
El Evangelio de Lucas anunció el tema por el año liturgical: el ministerio de la liberación (4:14-21). Y Lucas pone a Jesús en ruta a Jerusalén, predicando la Buena Nueva de la Liberación por la palabra, por la relación, y por la acción.
En estos primero tres semanas, el Evangelio de Lucas tiene unos aspectos misioneros y proféticos. “Misionero” viene de la palabra latina que significa “Mandar”; “la Profecía” de dos palabras griegas que significan a “Habla claramente”. En la semana primera, Jesús anunció las Buena Nueva de la Liberación; en la segunda, somos llamados a “hablar públicamente”; y, hoy, nos encontramos “mandados”.
Claramente, la Buena Nueva de la Liberación no es para guardarse privadamente ni esconderse – con Cristo, deberá ser se proclamará claramente y fuertemente a todo el mundo.
En la primera lectura de hoy liturgia, Isaías, experimentando
la santidad de Dios, reconoció que era un "hombre de labios
impuros." Entonces el ángel purificó los labios de Isaías con un Carbón encendido, e Isaías dijo, "Aquí me tienes, Señor, mándame a mi."
Simón tenía una experiencia similar en el Evangelio. Se
experimentó la santidad de Dios en Cristo como una gran captura
de pescado, después de pescando todo día no cogiendo
nada. Y Simón respondió, "Apártate de mí, Señor, porque soy un pecador." Jesús tocó Simón con palabras y le mandó a ser “pescador de hombres”.
Para la persona quien se manda, la misión tiene bastante importancia.
Y, después una experiencia de conversión, la misión tiene una urgencia muy especial.
A veces la iglesia tenía tenemos la actitud, de “dejar el otro hacerlo." La misión es el trabajo de los padres misioneros, y nos toca solamente contribuir nuestro dinero.
Pero, como cristianos bautizados, nos toca a nosostros el Ministerio de la Liberación, lo cual anunció el Cristo en el Evangelio de Lucas. ¡Nos despertamos cada día con un sentido de misión!
He visto una entrevista con el sacerdote Jesuítico quien
oyó las noticias del martirio de las Jesuitas en El Salvador.
Se dio cuenta que alguien tenía reemplazarlos, y ese
alguien estaba él. Describió esta realización inmediata que era el que se estaba mandado. No necesitaba un proceso de la decisión o tiempo de discernimiento. A ese momento se envió, y entraba una situación de gran terror y gran oportunidad.
Por todos parte, nosotros encontramos el peligro y la oportunidad: en el lugar del trabajo, en nuestros barrios, en nuestras comunidades, quizá en nuestras familias propias. Y ¿quien se enviará? "!Aquí estoy, Señor -- me Envía!"
En nuestra pobreza y opresión, Cristo nos anuncia su Buena Nueva y nos llama a anunciar la Buena Nueva a los demás. Hay partes de nosotros que consideramos impuros, más allá de la misericordia de Dios, tan feos que los compartimos con nadie. Jesucristo puede extender el amor de Dios a toda parte de nuestra humanidad. Igualmente, no hay nadie a quien rechazamos de nuestra comunidad o nuestra caridad. Alcanzamos en los arroyos, en donde tiran basura, en instituciones donde se esconden la gente deforme, en las cajones donde viven los desgraciados. La liberación de Cristo pertenece a todo.
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