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IVDomingo en Tiempo Ordinario

 

El Evangelio de Lucas anunció el tema por el año liturgical: el ministerio de la liberación (4:14-21). Y Lucas pone a Jesús en ruta a Jerusalén, predicando la Buena Nueva de la Liberación por la palabra, por la relación, y por la acción.

 

En estos primero tres semanas el Evangelio de Lucas tiene unos aspectos misioneros y  proféticos. “Misionero” viene de la palabra latina que significa “Manda”; “la Profecía” de dos palabras griegas que significan a “Habla claramente”. En la semana pasada,  Jesús anunció las Buena Nueva de la Liberación; hoy, somos llamados a “hablar públicamente”; y, en la tercera,  nos encontramos “mandados”. Claramente, la Buena Nueva de la Liberación no es para guardarse privadamente ni esconderse – con Cristo, deberá ser hablado claramente y fuertemente a todo el mundo.

 

En el Testamento Viejo y en el Evangelio que se leen hoy, discubrimos que es extremadamente difícil a “hablar francamente”. En la primera lectura, la nación no quiere aceptar al profeta Jeremías ni lo que tuvo que decir; en el Evangelio, no más pronto anunció Jesús  una Temporada de la Liberación que encontró el descrédito de la gente, porque él era “uno de ellos” – conocieron su padres y su familiares.

 

¿Por qué no quiere la gente oír las Buena Nueva de la Liberación?

 

A menudo, no estamos dispuestos a escuchar o capaz a aceptar las noticias que más nos liberan a nosotros. Si usted dice a un adicto que hay unos programas que lo podría tratar con su vicio; si usted dice a una persona quien come demasiado que él o ella pueden cambiar su dieta y quizás salvar su vida; si usted dice a alguien en un trabajo limitado acerca de programa de capacitación … ¿que va a pasar? ¿Como podemos predicar nosotros la liberación a los demás, sin estar a dispuestos a liberarnos?

 

El miedo del cambio, entonces, es uno de los enemigos más grande de la Liberación. El Profeta es un “agente de cambio” en el nivel más profundo. Por eso, los profetas en medio de nosotros a menudo son despreciados y rechazados.

 

Si los profetas del Testamento Antigua no tuvieran la solidaridad con la fuente de sus Noticias, si no hubiera  intimidad entre esos y  Dios, su vidas serían aisladas y solitarias. En la primera lectura de hoy, Dios querría proteger a Jeremías, a hacerlo una “ciudad fortificada, un pilar de hierro, una

pared de latón contra la tierra entera.”

 

Pero nosotros somos una Comunidad Profética. Estábamos bautizados en Cristo el Profeta, así como  estábamos bautizados en Cristo el Sacerdote y Cristo el Rey. Nuestro bautismo y la comunidad cristiana son nuestro fortificación, los pilares de hierro alrededor de nosotros, y alrededor de las paredes de latón” para que traigamos las Buena Nueva de la Liberación donde hay las opresiones mas profundas.


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