Recibimos en las lecturas de hoy un gran anuncio.
Es importante reconocer a quien se dirige el ministerio de Cristo. En el evangelio, Jesucristo acepta estas palabras de Isaías:
Yo, el Señor, te he llamado para cumplir mi justicia …
Para abrir los ojos a los ciegos, para sacar a los presos de la cárcel, y del calabozo a los que estaban en la oscuridad.
Isaías 12: 5-6
En nuestra pobreza y opresión, Cristo nos anuncia su Buena Nueva y nos llama a anunciar la Buena Nueva a los demás.
Cada persona, en su propia manera, está encargada del ministerio de anunciar. Los apóstoles no tenía la reputación de obras buenas, ni de la habilidad de formar comunidad, ni de las esquiles especiales de organización. Cristo no encargó el mas importante anuncio de nuestra historia a oradores excelentes ni a locutores suaves, pero a pescadores, trabajadores sencillos y pobres.
El mismo espíritu de Pentecostés que transformó los apóstoles para ser anunciantes apasionados, ya llena la iglesia en todas sus partes. También este mismo espíritu puede llenar nuestra pobreza y sencillez. Hoy día, Jesucristo nos muestra un ministerio de anunciar. Y nosotros tenemos que anunciar la Buena Nueve al oprimido, y a “los ciegos, para sacar a los presos de la cárcel, y del calabozo a los que estaban en la oscuridad”.
El Evangelio de Lucas es el evangelio de la Liberación. En el tiempo Ordinario escuchamos la Buena Nueva de Liberación Domingo tras Domingo, semana tras semana.
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