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Autoridad

En este mundo, vimos mucho poder y poca autoridad.

Hay muchos que hablan en este mundo. A veces, sus palabras nos impresionan. Pero, al fin, las palabras son vacías, sin sentido.

Hay muchos que se presentan como poderosos en este mundo. Pueden controlar a los demás por la fuerza de su personalidad. Pero, al fin, so poder es sin sustancia y sirve a nadie menos a si mismo.

Hay muchos que tienen el respeto en este mundo. Por lo que han producido o el dinero que han ahorrado, los demas a los veneran. Pero, al fin, merecen ni honor ni deferencia.

Vimos mucho poder. Personas, naciones, agencias, hasta iglesias, llenos de su importancia, controlando los demas, aggregando riqueza y possessiones a si mismo. La virguenza del mundo y la preocupación de la teológia de la liberación es que hay muchos pobres y, en comparación, pocos ricos que controlan la vida y el destino de tanta gente.

Pero vimos poca autoridad. La palabra “autoridad” es de una palabra latina (que es semejante a la palabra en español) “autor”. Lo que tiene la autoridad es la fuente de la sabiduría.

En nuestra tradición basica, La Biblia, toda autoridad se entregó por Dios. En la primera Isaías 22: 19-23, Dios quitó el poder de Sebná, mayordomo del palacio, y entregó la autordiad a Eleacín. Y Mateo 16: 13-20 describe la autoridad de Pedro: “Y yo te digo a ti que tú eres Pedro y sobre este piedra edificaré mi iglesia.” Jesucristo usó casi las mismas palabras que oímos Isaías 22 : “Lo que él abra, nadie lo cerrará; lo que él cierre, nadie lo abrirá.

Lo que da el sentido a las palabras, lo que constituye el poder verdadero, lo que merece honor cierto, ni es la facultad ni es el imperio. Lo que influye al nivel importante es la autoridad. Y no hay autoridad sin el “autor” de todo: Dios.

La autoridad de Dios, no es para dominar, pero para servir. Lo que libera no es la dominación, pero la autoridad del servicio.

Hay imágenes fuertes de la autoridad de Dios. Hay Santa Juana de Arc, afirmando la autoridad mas alta de sus “voces” sobre el control de la iglesia y el estado. Hay San Francisco, desnudo en la plaza de la ciudad de Assisi, reclamando la autoridad de “la hermana pobreza”. Hay el santo mas recién canonizado, Juan Diego, enfrentando el poder del obispo con una mantilla con las rosas.

El que tiene autoridad es la persona fundada en la vida de Dios.Es la misma autoridad que nos mostraron Cesar Chavez, Oscar Romero, Martin Luther King, Jr. Es la misma autoridad que compartió Dios con Ezequiel: “Hijo de hombre, yo te he puesto a ti por centinela de la gente de Israel; las palabras que oigas de mi boca se las anunciarás de parte mía.” Es la misma autoridad que Jesús dió a sus discipulos:
Yo les digo: todo lo que aten en la tierra, el cielo lo considerará atado, y todo lo que desaten en la tierra, será tenido en el cielo como desatado.


En el ministerio de la liberación, poder falso, palabras vacías, respeto presuntuoso no sirven para la justicia. La autoridad de un hombre sincero, de una mujer generosa, de un joven ardiente, de una niña honesta puede liberarnos de las mentiras del mundo. Esta es la autoridad del amor.

Romanos 11: 33-36 es una canción de la autoridad de Dios
¡Qué inmensa y rica es la sabiduría y la ciencia de Dios! ¡Qué impenetrables son sus designios e incomprensibles sus caminos! ¿Quién ha conocido jamás el pensamiento del Señor o ha llegodo a ser su consejero?